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Simplemente un deseo 

 

 

   ahorahora que es de noche me vuelvo a asomar a la ventana de mi alto piso de ciudad; menos mal que es un ático y desde allí puedo ver una gran porción de esta enorme urbe en la que vivo. Veo el horizonte, que está plagado de tejados y chimeneas ahumando. Las criaturas de la noche salen afuera y deambulan por este paraje artificial, pero encantador y, a la vez que real, casi cinematográfico. Es como un sueño, escapándose de las personas que ahora están soñando.

   Maúlla de pronto un gato y me asusta el cercano vuelo de una lechuza aulladora. A mí sí me gustaría ser una lechuza por un tiempo y recorrer el cielo de la noche, posarme en cualquier lugar alto e inaccesible. O si no me gustaría ser también un gato para corretear como un loco por los tejados y dar saltos enormes de un lado a otro. Pero sé que no puedo ser lechuza ni gato; tengo que contentarme con el correr y volar de mi imaginación, sólo así puedo hacer alguna hazaña que otra.

   Fijaros que un día me propuse contar las estrellas del cielo. Claro que eso fue hace tiempo, cuando era más pequeña y creía que todo era más fácil de lo que resulta ser en realidad. Luego, cuando vi que era imposible realizar tal hazaña, decidí ponerle el nombre a un número inventado para enumerar a todas las estrellas del firmamento: “enesimoinfiniestelar”. La palabreja se las trae, pero he tomado referencia de la etimología de esas tres palabras para que resulte una palabra nueva que designe lo que yo me proponía hacer… o eso creo.

   Después de un tiempo de aquella hazaña, me propuse dibujar el paisaje que desde mi buhardilla puedo divisar del cielo de la ciudad. Era otra empresa descabellada: no tenía papel, lienzo, soporte que se preciara para poder colocar tantísimos tejados, chimeneas, nidos de cigüeñas, antenas, deshollinadores… ¡Uf! Creo que lo mejor será mantener todo en mi cabeza, que es el único lugar donde no ocupa tanto y todo está colocado y contabilizado. Creo que está bien tener sueños, aunque sean un poco locos; pero querer llevarlos a la práctica… eso es otra cosa más difícil.

   Sin embargo, hallé la solución a mis inquietudes nocturnas: Una noche contabilicé siete estrellas fugaces que rasgaron el cielo de la noche con su larga y luminosa cola. ¿Podía pedir un deseo para cada una de ellas? Había que andarse con cuidado en eso de los deseos, no se pueden tomar a la ligera y pedir tonterías por buenos y nobles deseos. Al fin y al cabo un deseo se pide con el corazón; ya sea para ti o para alguien debería ser limpio y bueno para que se cumpla.

 Sí, yo pedí muchos deseos y unos se han cumplido y otros no. Quizá los más difíciles tarden en cumplirse o, simplemente, no entendamos el porqué no pueden cumplirse; quizá son la excepción que confirma la regla de los que se cumplen ante la alegría desbordada de la gente. Yo pedí un deseo muy difícil de cumplir a la estrella fugaz más grande y deslumbrante que he visto en mi vida, cierta noche ya lejana en mi recuerdo, cuando era una niña.

   No pude dibujar el mundo en un papel ni contar las estrellas del universo; pero espero que un día se cumpla el gran deseo que le pedí a la estrella fugaz. Pero, como la paz aún no ha llegado a todos los rincones del planeta, continúo haciéndolo todas las noches ante el dibujo que de su recuerdo hice, y que luego colgué en el hueco de una de las paredes de mi habitación, pues aún la llevo en la retina de mis ojos como si estuviera pasando ante ellos continuamente.

   Aún hoy asomo de vez en cuando a la ventana del alto piso en el que vivo y sigo viendo, con los ojos de niña que siempre he tenido, los misteriosos tejados, las chimeneas ahumando, las buhardillas abiertas y los gatos maullando. Creo que en cualquier momento aparecerá mi mágica estrella fugaz, brillando en el cielo, sonriendo en su vuelo… y entonces ya todo se cumplirá, no sólo mis deseos sino los deseos de todas las personas del mundo.

 

 

 

 

 

J. Francisco Mielgo

02/11/2007

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