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El Bosque de los Pensamientos 

 

 

 

roble

   soyoy una niña de no más de un metro y medio que levanta del suelo; pequeña para muchas cosas, pero grande en los sentimientos más puros, grande en esos deseos que un día nacen como un pequeño riachuelo y acaban siendo mares en lo profundo de uno. Estoy desbordada de curiosidad y mi imaginación es una varita mágica tan eficiente que aquello que imagino lo convierto en realidad para mis sentidos.     

  Pero esta historia que quiero contar excede aquello de lo más grande que yo pudiera imaginar. Veréis, todo comienza a ocurrir un día después de la luna nueva, después de que el rocío de la noche bañara los campos dorados de trigo y cuando el aire matinal huele a mil aromas deleitosos y cuando se percibe en el viento, al respirar, esa sensación que creíamos haber olvidado y que, sin embargo, nos lleva a lomos de una nube blanca y rosada en el interior de un dulce recuerdo. En aquélla preciosa mañana es cuando me encontré con el viejo roble de las historias. Ya había oído en alguna ocasión que existía un grande y longevo roble en el Bosque de los Pensamientos. Era un roble parlante y contaba historias a los viajeros que se perdían y acababan topándose con él. Yo fui muy pertinaz en la búsqueda y estuve muchos días hasta que lo encontré. No era muy fácil dar con él, pues, como dije antes, estaba en lo profundo del Bosque de los Pensamientos y había que tener una gran dosis de buena suerte para verlo. Después, la cosa, si cabe, era aún más complicada: conseguir que el viejo roble me relatara una de sus historias. Es decir, el árbol debería tener ganas de narrar su historia, de lo contrario te podías pasar a su lado, implorando el resto de tu vida como si nada. Yo lo intenté durante un buen tiempo y, cuando estaba a punto de darme por vencida, el viejo y misterioso roble comenzó a hablarme; primero en la lengua de los árboles, que era ininteligible, después en el idioma que yo comprendía:

   -Veamos a ver qué quieres tú, pequeña Aura –inquirió el viejo roble con voz rugosa y dura.

   La pequeña Aura (que así es como se llamaba la niña) sonrió al gran árbol y se puso loca de contenta:

   -Quisiera que me contara una de sus historias, señor roble.

   El roble bramó algo entre dientes en el idioma nemoroso y luego volvió nuevamente a las palabras comprensibles:

   -¿Y de qué cosa quieres que te hable?

   Aura, la pequeña niña, quedó un poco pensativa. Cuando encontró en su mente una idea clara, se lo comunicó al viejo roble de las historias:

   -Quisiera que me contara algo sobre este bonito Bosque de los Pensamientos.

   El roble se agitó como en un estremecimiento y luego, guiñando una especie de ojo que parecía un agujero en su madera, habló:

   -De acuerdo; siéntate y escucha. Mira, pequeña Aura, este bosque misterioso y deslumbrante existe desde que el ser humano comenzó a utilizar el lado bueno de su corazón. Verás:

   << Las hadas, genios y demás seres naturales idearon un día un puente, una especie de pasadizo que unía el mundo, digamos normal y que es el que nos rodea a diario, con este otro que sólo vemos en lo más profundo de nuestra imaginación, si queremos mirar en ella, claro está. Bien; este es el Bosque de los Pensamientos, de los grandes deseos, de los bellos colores, de los inolvidables aromas de bonitas flores. Cabalgarás aquí sobre los arreboles de una linda tarde que te llevará directamente al encuentro de las estrellas nocturnas. Millones de perlas en el cielo que brillarán para decirte lo agradable que te sientes sobre la cubierta de un sueño transformado en un navío plateado que pintó la virtuosa luna, artífice de los más embrujadores colores, de las mejores y más sublimes sensaciones. Y ahora ya paseas por el bosque y te abrazas a los árboles y ellos te obsequian con el sutil ulular que baten sus altas ramas que siempre miran al cielo. Entonces, en ese momento, te sientes bien y es como si fueras una importante parte de este bosque encantado, como si fueras otro de los innumerables árboles de este entramado majestuoso. Y te moverá el viento y te mojará la lluvia y echarás raíces en la brillante tierra que baña el sol todos los días. Cantarás con los grillos al atardecer y volarás con los búhos en las largas noches otoñales. Libarás el néctar de incontables flores para producir la miel que dé el sabor de la dulzura a todo aquel momento amargo que en la vida vayamos teniendo. Y te convertirás en lo que más deseas, si es que algún día tu deseo has completado, pudiendo quedarte en el bosque si para ello lo has deseado. Trazarás tus caminos ondulados para que recorran la espesura de todos los pensamientos cifrados de este gran bosque que ha estado oculto, pero no por ello menos imaginado.

   << Si no tienes ninguna pregunta convendré en que estás entendiendo todo y seguiré mi relato: Vivirás en una casita sobre las ramas de un alto árbol, en el hueco de un tronco que un pájaro carpintero ha ido elaborando o en la charca de deslumbrantes resoles donde cantan ranitas encantadas cual princesas transformadas por la negra mano, la negra maña de un hada mala. Mientras duermas sobre la verde y fresca hierba todo te vendrá rodado y el bosque acunará tus sueños, y tus sueños serán coger un rayo de luz de luna en la mano mientras es filtrado por el entramado tamiz de las hojas de los árboles para luego enterrarlo en la tierra del Bosque de los Pensamientos y que de ello nazca un nuevo árbol plateado. Y serás brizna liviana, hoja reseca que en sus labios ya no moja el verde carmín de una boca cerrada; serás viento y lluvia fina que mojarás los sentidos, sobre todo el olfato con tu olor a tierra mojada, a tomillo y a jara. Con tu pequeño cuerpo recorrerás en los árboles su fina corteza plateada, beberás del aljófar del rocío de una noche encantada y te vestirás de gala con los mejores colores del sol, con los que quedarás visiblemente iluminada. Y, con cada latido de tu corazón, latirá también la vida del bosque. Y oirás así, al atardecer, el sempiterno murmullo agradecido de todos los animalitos, que quieren acunar tus dulces sueños para que tengas así un buen despertar, sigas sintiendo sus sensaciones y vuelvas de nuevo al bosque para pensar.

   El roble pareció quedarse mudo cuando terminó su relato; ni siquiera movía ni un mínimo sus ramas.

   -Me gusta el Bosque de los Pensamientos –dijo Aura mirando al árbol -. ¿No podría usted, señor roble, continuar el relato del bosque?

   El roble miró a la niña:

   -Del bosque ya te he hablado.

   -Pues hábleme del viento, ahora –sentenció la niña.

   -Bien –dijo el viejo roble, en tono circunspecto -. Recuerda que el viento en el Bosque de los Pensamientos ruge siempre misterioso…

   << Es como un baile enloquecido de dispares emociones cuando el viento  mueve el bosque, cuando el viento te mueve a ti como sutil pluma o un etéreo beso enviado con la mano. Recorrerás, emocionada, un mar verdoso de hojas bullendo como si estuvieran hirviendo sobre el fuego de la excitación. Y el viento te contará sus historias, algunas sólo se oirán con los sentimientos más que con los oídos; te expondrá sus problemas, te dirá chismes y cosas, alguna extraña adivinanza mientras silba seductoras notas en el entramado arbóreo del bosque. Te llevará volando sobre su larga mano invisible y visitarás los lejanos lugares, los rincones ignotos del Bosque de los Pensamientos. Y sentirás llegar su presencia con un susurro en el cielo de la tarde, y entonces el bosque comienza a moverse y una canción sibilante y ancestral se escucha por todas partes, animando a toda criatura viviente a surcar los cielos con sus alas o con sus pensamientos. Y el cielo es hermoso y diamantino y huele a esencias desconocidas, pero embriagadoras; y las brillantes tonalidades en que está pintado te harán hipnotizar la imaginación y ya no sabrás si estás imaginando o qué realidad estás viviendo. Entonces quieres ser participante y no sólo espectadora de aquella dorada belleza, de aquél mágico atardecer; y es cuando transformas tu cuerpo en el Lucero Vespertino, que iluminarás de dulces sueños todos los atardeceres de este escondido bosque. Y el viento te dirá que eres una de las muchas estrellas que se han ido para este cielo puro y diáfano. Desde entonces, en las incontables noches de todos los tiempos, lucirás con tu manchita blanca en el cielo de la noche, y aquél que descubra tu presencia sonreirá hacia ti como tú también has sonreído cada vez que has mirado al cielo estrellado, a este cielo cristalino.

   Después de concluir, Aura miró deslumbrante al viejo roble de las historias, y le dijo:

   -Me gustó la historia del viento. ¿Qué más me podría usted contar?

   -Tú dirás –musitó el roble, con cierto aire displicente.

   -Quisiera que me hablase de la lluvia.

   -La lluvia, qué duda cabe, es importante y vital para el Bosque de los Pensamientos…

   << Cuando llueve, siempre se esconde el duende de la lluvia. Se ve el agua, pero nunca la mano que la vierte. Dicen que el duende de la lluvia es gris o transparente, dependiendo de su estado de ánimo y del día en que llueva. Pero, tanto si un día descubres al duende de la lluvia como si no, te gustará pasear por el bosque un día lluvioso. El olor es distinto, casi arrebatador y te lleva en volandas a cualquier lugar de la imaginación. No hay nada mejor que guarecerse de la lluvia y luego verla caer, dejar que te cuente su historia, que apacigüe tus desvelos, que moje un poquito más tus sueños. Entonces, tal vez salgas al descampado y bailes al compás de su sonido y te empapes con sus incontables lágrimas perfumadas mientras te observan los ojillos curiosos del bosque multitud de animalillos, como si formaras parte del paisaje y fueras tornándote gris o quizá transparente como el agua. Sí, como si fueras el duende nunca visto, con su misteriosa danza de la lluvia bailada una y otra vez, con su secreta vida embrujada. Te dejarás perder por los regueros que ha dejado la lluvia como si fueran venas recorriendo con su fluido de vida el gran cuerpo del bosque. Cada arroyo te cuenta un cuento distinto con su murmullo cantarín, y luego te lleva en su agua como si fueras una minúscula y grácil hoja en ella caída. Y llueve por doquier, formando gorgoritos en el manto verde del bosque; y de cada pequeña burbujita, al reventar, emerge el aliento fresco de clorofila del bosque, y que asciende atrapando los árboles y a todo ser vivo que es capaz de presenciar dicha simbiosis. Entonces entrarás a formar parte inherente del Bosque de los Pensamientos para ya nunca abandonarlo. Pero…

   << ¡Oh!, ¿qué ocurre? Una enorme tormenta aparece por el horizonte, volviendo el mundo de un color negro azabache, y de ella comienzan a descolgarse los temblorosos síntomas del miedo. Aparecen zigzagueantes relámpagos que brillan en el cielo negro de la tarde y luego se oye un retumbar terrible que espanta a los inquietos animalitos. El miedo es oscuro, sí; pero para eso tú eres el Lucero Vespertino e iluminarás con tu brillo el cielo y tu sonrisa brillará aún más que los serpentinos relámpagos aterradores y de malos augurios. Y entonces quieres que se haga de día, que brille de nuevo la luz que estaba escondida, que asomen las altas ramas de los árboles sobre los arroyos, estanques y charcas y también aparezcan de nuevo las flores asustadizas; que sólo las estrellas suspiren con su brillo al despuntar la noche en nuestros sueños inocentes. Que la lluvia caiga, pero fina y refrescante por nuestros brazos abiertos a la magia del momento. Ahora, el cielo, ya no está negro sino gris, un color ceniciento que anuncia la llegada de la lluvia otoñal; y así vuelve a llover un día, y otro, y otro, hasta que dé paso a la nieve del invierno donde todo se vuelva blanco impoluto y el ansia de ser el primero en pisar la nieve sea el deseo más grande ocurrido hasta el momento. Sí, Aura, tus pisadas bordadas en la nieve perpetua del Bosque de los Pensamientos jamás se borrarán ni querrán irse para otro lado, no ascenderán altas montañas ni bajaran hondos valles, tampoco jugarán al escondite ni querrán nunca comenzar a derretirse, simplemente quedarán impresas como la huella dactilar de este bosque escondido.

   La pequeña Aura miraba fijamente al magnífico árbol de las historias con la boca abierta, como una tonta. Al final de la narración, consiguió articular palabra:

   -También me gustó mucho la historia de la lluvia. ¿Puedo pedir otra nueva historia?

   -Una no más –sentenció el longevo roble -. Tras la cual, deberás decidir si quieres quedarte en el Bosque de los Pensamientos como un habitante más o, por el contrario, sólo volver a él para llenar tu corazón de buenos sentimientos; quizá para lograr tener el bosque en tus manos como si fuera la mágica luz de una pequeña estrella muy brillante, latiendo en ellas con vida propia y luego derramarla sobre la tierra que lo cobijará nuevamente; o tal vez sólo regreses a este bosque para utilizar su sabiduría, que es como una paleta de colores, que la invisible mano encantada pintó un puente de arco iris, hasta el impalpable mundo donde habitan los pensamientos –he hizo otra breve pausa -. ¿De qué última cosa quieres que te hable?

   -Hábleme de la luna, por favor, señor roble –rogó la pequeña Aura, con su carita de pena y sus ojillos alegres.

   -Bien. Tal vez no sea lo mismo ver la luna desde otro sitio que desde el Bosque de los Pensamientos…

   << Cuando, de noche, aparece la luna, el bosque adquiere el aspecto de un lugar encantado. A los búhos les gusta su hechizo y se sienten alborotados; las luciérnagas brillan tanto que parecen pequeñas estrellas que han caído del cielo para quedarse adornando los árboles; la hierba mojada parece encenderse en argénteos resplandores como si fuera un espejo donde se reflejan las hadas, donde también se mira el silencio, donde luego hasta las piedras hablan. Con mil susurros… con otras tantas palabras. ¡Todo luce y brilla! ¡Todo gruñe y calla! Caminarás con tus pies descalzos por el silencio, sólo escuchando tu mente mientras te besa la luna el salado sudor de tu frente. Y ves que todo está a tus pies si con ese deseo lo sientes, y percibirás que todo es maravilloso con sólo respirar esa esencia; más hermoso que el más bello sueño, que el más grande sentimiento que nace del mejor deseo esculpido en el viejo barro del que están hechos los cuerpos. Ahí, pequeña Aura, está tu esencia, en ese gran bosque, en ese gran momento que estás viviendo. No lo desaproveches y desaparezcas como si nada: Inserta tu espíritu o parte de él en este viejo bosque, y sólo entonces formarás parte del paisaje, parte del engranaje del mundo de los sentidos de este increíble bosque escondido.

   -Sí. ¡Ya me siento árbol! –vocifera de pronto la niña.

   << Pero recuerda que sólo puede mecerte el viento, no uses triquiñuelas y quieras inclinarte por tu cuenta. La humildad es la más valiosa de las virtudes, la más lustrosa joya que puede uno atesorar en el pequeño cofre de nuestro corazón. Sólo entonces abrazarás el cielo y con tus muchos brazos señalarás las estrellas en noches expectantes. Y los ruiseñores del amanecer entonarán una bella canción que colgarán de tus ramas para que todo el mundo la oiga cuando quieran escuchar, pues es un sonido agradable, lindo, imposible de imitar.

   -¡Ya casi me siento bosque! –voceó de nuevo la pequeña Aura.

   << Sí. Y eres un bosque resplandeciente bajo la luz de la luna, bajo su hechizo sublime que todas las noches esgrime para brillar nuevamente. Y en una charca reflejada la verás todas las noches, cuando las noches son largas, cuando todo el mundo duerme, cuando se desvela la magia. Asómate y recoge su agua; guarda en el interior de un tronco vacío la luna reflejada para que brille también en noches oscuras y aciagas para que dispongas de la luz y su brillo de plata. Y ahora que ya dispones de la luna y las estrellas, del sol y las tormentas; ahora que el viento guía tu destino y la lluvia te alimenta, te diré que sí que eres bosque, pues siempre lo has sido. Te doy las gracias por venir a mi lado para que te cuente tu historia y yo tampoco pueda volver a olvidarla. Te doy las gracias por ser el bello lucero que todas las tardes el cielo engalanas y también te venero por iluminar mi cielo todas las mañanas.

   Aura hizo una inclinación de sus ramas y sonrió, y su sonrisa iluminó para siempre el Bosque de los Pensamientos, el bosque de sus entrañas.  

 

 

 

 

 

J. Francisco Mielgo

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