La ardilla caminadora
¿Tú puedes caminar, acaso?
- le decía una ardilla a su compañera,
pero no corras tanto, que casi vuelas
y ya me duelen piernas y brazos
Camina, camina, sígueme el paso
- Le contestaba la ardilla caminadora
no ves que caminar a toda hora
nos brinda salud y bienestar
y así podremos disfrutar
de una vejez encantadora.
Yo como que prefiero la mecedora
Y salir a caminar de vez en cuándo
Y así cuándo tú vayas llegando
Cansada ya de tanto caminar
Yo estaré esperando tu regresar
Con mi actitud calmada y amorosa
Aunque vengas cansada y sudorosa
Mi beso y abrazo no te habrá de faltar.
¡Vamos, compañero!, replicaba la ardilla
¡Vamos, hagamos de la vida un largo camino!
¡Que sean nuestros pies eternos peregrinos
y el final del sendero una luz que brilla,
que así la vejez, modesta y sencilla
cuando la vida llegue a plenitud,
estaremos llenos de salud
y entonces disfrutaremos de la silla!
La historia tuvo el final anunciado
Después de muchos años de caminata,
la ardilla disfruta de una vejez grata
y su compañero enfermo y acostado…
Por ésta experiencia que he observado
a todos aquellas ardillas que merodean el bosque
exhorto a que acompañen su consorte
cuando salga a caminar por el poblado.
Autor: Alejandro J. Díaz Valero
04/12/2009
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