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Duplicidad

 


Esto ocurrió hace muchos años, sigue ocurriendo actualmente y seguirá ocurriendo por siempre.

Es la historia repetida de una muchacha que fue creciendo sola, pero que con el tiempo fue sintiendo la necesidad de sentirse acompañada, Es como alguien que se duerme a tempranas horas del atardecer y se despierta súbitamente a primeras horas de la noche y cree que ha amanecido, pues su largas horas de sueño le hacen confundir la noche con el día.

Esa muchacha iba en busca del tiempo preciso para dejar constancia de su existencia, podría decirse que iba en busca del día, o podría decirse acaso, de la noche. Le era indiferente si era una o era la otra.

Salió la muchacha entonces a buscar el tiempo que le daría su espacio. Fue tan afanosa su búsqueda y tan noble su empeño que finalmente lo encontró.

Al comienzo no sabía si había encontrado el día, o si por el contrario había encontrado la noche, ella comprendió en esos momentos que los días se confunden con las noches en las últimas horas de la tarde cuando los arreboles se van vistiendo de grises y pasan súbitamente de los encendidos colores naranja a los colores ocre de la noche.

La mucha estaba feliz; hasta ese punto le era indiferente saber si era dueña del día o era dueña de la noche. Hasta que un día pudo descubrir que era dueña de ambos, que tendría un tiempo completo que conformaba su alborada y su ocaso. Que tendría ambas emociones en una sola, como el día cuando se transforma en noche, o la noche cuando se transforma en día, donde sólo se sabe que uno viene a continuación del otro y que ambos se confunden en uno sólo.

Eran dos realidades homologadas en el tiempo, como una moneda, que aún siendo una, tiene su cara y su sello, dos mundos distintos en la misma redondez de su vida; donde ambas realidades eran iguales siendo distintas o acaso siendo distintas eran iguales.

Esa muchacha pasó de imprevisto a compartir una vida con emociones calcadas al carbón, donde la duplicidad era una constante en cada aspecto de su vida… Doble emoción, doble preocupación, doble compromiso, doble esfuerzo…Todo conjugado en una sola vida que poco a poco se fue acostumbrando a pensar por duplicado para entregar su vida a ese par de gemelos que al nacer fraccionaron su vida como una horqueta de un árbol que se ramifica en dos direcciones, donde la coexistencia gemelar tiende a ser un factor común para el resto de su existencia.

 

Autor: Alejandro J. Díaz Valero
25/04/2010
www.dibucuentos.com

 
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