Compendio Reflexivo
Los jugadores de Oficio se toman tan en serio sus apuestas, que llegan a creer que el producto de estas es su honrosa remuneración.
No hay caminos sin piedras, ni caminantes que no tropiecen con ellas.
Quien va rumbo al matadero, para que cuida su cuero.
Si un libro más de una vez lo has leído, nadie te dirá, que es tiempo perdido.
Con pocas frases, se hacen las paces.
Son pocos los que comienzan y terminan, muchos los que comienzan y se quedan en el camino, y muchísimos más los que ni siquiera han comenzado.
Hay quien inventa cuentos, y hay quienes se inventan en sus cuentos.
La noche llega para arropar al día, el cual se queda dormido, y al despertarse en la mañana, ya la noche se ha ido.
Cuando la araña se cansa de tejer, es porque no quiere comer.
Generalmente quien está en vela, esta en vilo.
Estatura y gordura son parte de la figura.
Las agujas que cosen, no saben tejer, porque son de cabeza hueca.
Un libro comprado y no leído, no es dinero perdido, sino invertido.
Por mucho que te prepares para el parto, siempre habrá brincos y saltos.
Para una mujer después de su embarazo, es igual la alborada que el ocaso.
Caballo con hijas mulas, su descendencia anula.
Los trenes trabajan por los rieles, y nosotros, por los reales.
Para que la noche crezca, es menester que la tarde perezca.
La madre que da todo por su hijo, se gana la gloria como castigo.
Las madres que lloran por los hijos ingratos, merecen reír con los hijos buenos.
La bendición materna es un escudo protector contra todos los males.
Si ves a tu madre triste, recapitula lo que ayer hiciste.
Hay gente tan viciada en los juegos de mesa, que juegan hasta con la comida.
El remo no necesita filo para cortar el agua.
Las Madres viven pensando en sus hijos y mueren también pensando en ellos.
Cuando a una limonada le quitan los limones deja de ser limonada; pero si a una Madre le quitan su Madre, sigue siendo Madre, y en ocasiones hasta mejor.
Una sombra no da sombra.
Muchas veces entramos en la contienda sin querer, sólo por haber huido en dirección contraria.
Soy quien escribe y suscribe, lo que mi alma vive.
Si los billetes fueran redondos, serían monedas.
Apenas nos hacemos inmunes al hambre, comienza a llegar la comida.
Entrénate y ejercítate, para que no te canses, cuando corras tras de tus sueños.
Para echar a alguien de manera discreta, no hace falta gritos sino maletas.
A veces quien lleva los pantalones, lleva camisas sin botones.
La mejor manera de creer, es convencerse de que no hay otra manera posible, de rebatir lo creído.
Muchos encienden las luces buscando erradicar la oscuridad, sin darse cuenta que ésta muchas veces se lleva por dentro.
La lluvia es el llanto que derraman las nubes, por su amigo el verano, que murió.
Las deudas morales, ni caducan, ni se castigan contra la provisión de incobrables.
Hay quienes hacen apuestas y pierden hasta la razón.
Para que hablar de vida prematura, si sólo Dios sabe lo que tú vida dura.
Quien rompe la última pieza de la vajilla, es cómo si hubiese roto la vajilla entera.
Si sales de cacería y regresas con las manos vacías... ¡La culpa no es mía!
No te encadenes a los dolores, sé fuerte, sonríe, que así romperás los eslabones.
La vida es un círculo interminable de oportunidades, siempre andan danzando en torno a nosotros.
Vivir la vida es como leer un libro de poemas. No hace falta leerlo todo, ni mucho menos aprendérselo; lo importante es disfrutar a plenitud lo leído.
Aquel que bien sabe describir, lo hace de frente y no de perfil.
Conozco de muchos carteros especialistas en entregar cartas a sus destinatarios, pero nunca han escrito cartas en el trajinar de su vivir diario.
Hay gente que tiene la vida tan negra que posan ante la cámara, y cuando sale la foto sólo se ve su sombra.
Que ironía, alguien disparó a ciegas y mato a un ciego.
Cuando estoy cuerdo no te recuerdo, Recordarte en sí, es ya una locura.
De qué te sirve tener dos pelucas, si sólo una usas.
Autor: Alejandro J. Díaz Valero
30/05/2010
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