A los dos enamorados
Estaremos juntos, enraizados, adheridos y enredados,
Unidos por el torbellino de la vida,
Tendidos como un puente sobre el abismo,
Entrelazadas las manos que nos unieron al destino.
Somos el viento que desgrana los caprichos
Y la luz arrogante de estrellas blancas,
El frágil verde en que eclosionan las flores
Y el fiel espejo que esconde miradas.
Tenemos encima grandes y buenos sentimientos
Y de refulgentes ilusiones estamos salpicados.
Fuimos artífices de los deseos del aire
Que nos lleva a los dos encadenados
Hasta el deseo grabado en la plateada corteza de un árbol.
Un día seremos alimento de las llamas y nos diremos adiós.
Si hoy ya somos cenizas de un pasado olvidado
Mañana seremos la tierra donde nazca el amor.
J. Francisco Mielgo
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