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El gato feroz

 

 

 

   Un gato feroz, casualmente, un día se topó con un espejo y se asustó muchísimo al mirarse en él y comprobar que allí tenía un rival al que enfrentarse.

   Dio mil respingos y bufidos. Salía huyendo y luego regresaba como  enloquecido una y otra vez. El gato del espejo era muy valiente y también regresaba ante él para plantarle cara.

   ¡Pero a valiente no le ganaba nadie!

   Armándose de valor atacó el espejo, contra el que se dio de bruces:

   ¡Ay!, ¡qué dolor!

   El rival era muy duro y causaba un gran dolor de cabeza. Pero como a tozudo no le ganaba nadie, repitió la hazaña una y otra vez hasta que logró tirar el espejo, rompiéndolo en mil pedazos.

   “¡Maldición! ¡Ahora hay mil gatos de cabeza dura que querrán luchar contra mí…!”-se dijo el gato feroz, reflejado en los pedazos.

   Luego echó a correr como si le fuera en ello  la vida porque, a pesar de ser feroz, no quería recibir más golpes con dolor de cabeza ni estar más tiempo en aquel lugar embrujado.

 

   Moraleja: Enfrentarse a lo desconocido con valor es siempre un bonito síntoma de valentía; pero obcecarse en conseguir lo imposible nos dejará tan exhaustos que el abandono siempre será la salida más acertada.

 

J. Francisco Mielgo 

www.dibucuentos.com

 
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